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Ronda 1: Santcugatenca 5.5 - Diagonal Mar 2.5

El DIM comenzó su particular periplo por tierras exóticas y paradisíacas visitando Sant Cugat, y, para la comodidad de los jugadores, se fletaron tres lujosos vehículos (uno de ellos camuflado de taxi).
Amaneció la mañana gris, tan gris como las esperanzas de algunos por sacar algo positivo de la contienda.
Después de una oportuna concentración (y plegaria) en la puerta de la parroquia, los ocho participantes (más el primo de Joan Gracia) emprendimos la marcha bajo la atenta y experta guía de Joan Guinjoan (que era el único que se sabía el camino), no sin antes dar unas cuantas vueltas de honor a la manzana.
Tras una azarosa peregrinación en fila india, llegamos a un polideportivo gris, como la mañana, y toda la flor y nata del DIM nos conjuramos para dar algo de guerra.
Pero al equipo rival también le dió por alinear su once de gala y cerrar con un mil ochocientos largos (pero que muy largos!). Ante tal panorama y teniendo en cuenta que sólo les superábamos de ELO en el primer tablero, nuestras perspectivas de puntuar quedaban algo así como a la altura del quinto pino.
Ejerció de delegado Antonio Ríos, como ya es habitual, que le tocó enfrentarse al delegado del SCU, como ya es habitual también, en el quinto tablero.
Iván Pérez cumplió el pronóstico y ganó.
Antonio Pérez llegó a un final de alfiles de distinto color, propenso a tablas, pero se las ingenió para acabar perdiendo.
Joan Gracia lo intentó con su querida francesa, pero se encontró con un peón pasado en séptima y tuvo que abandonar.
Al rival de Antonio Torralba le sonó el móvil durante la partida, pero como nosotros somos muy buenas personas, lo dejamos en una mera anécdota. Seguramente conmovido ante tal acto de generosidad y señorío, le regaló tablas a Antonio pese a disponer de calidad de ventaja.
En el duelo de delegados, Antonio Ríos jugó tan subdesarrollado que hasta incluso pudo ganar. No obstante, acabó doblando la rodilla.
También perdieron Joan Guinjoan y Enrique López, si bien tras duras luchas.
Y el matagigantes Miquel Abelló se anotó el punto entero a pesar de sus incontenibles deseos de hacer tablas.
Para terminar, después de todo esto, nos fuimos por donde habíamos venido.

Crónica de Antonio Ríos

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