Derrota dolorosa del Diagonal Mar ante el Barad B

En una jornada propicia para la ocasión, podemos afirmar que el DIM se fue a tomar viento. Con
motivo del desplazamiento a tierras egarenses, se organizó un fastuoso despliegue de medios de locomoción (es decir, dos coches). Pues sí, debido al limitado aforo de estos vehículos, que únicamente pueden dar cabida a cinco fariseos, el sexto integrante del equipo puede tener algún problema. Si no se dispone de carro alternativo, le resta optar por buscarse la vida (estilo "A
Terrassa como puedas") o consentir ubicarse en la baca del primero para no dejar "bacante" su tablero.
En fin, bromas aparte, diremos que el viaje de ida se desarrolló con pasmosa placidez, al igual que en esas estampas de los inicios de la democracia en las que los inolvidables "domingueros" utilizaban el día festivo para escapar de la gran urbe en busca de algún recóndito remanso de paz. Luego no hay nada mejor que aparcar a media milla del local de juego para darse una caminata turística por el casco antiguo y rezar para que el GPS no te deje tirado.
La mañana fría y ventosa (de unos siete grados para abajo) requería un obligado avituallamiento. Ya metidos en vereda, un tal Antonio Ríos aprovechó para calentarse soberanamente (con la inestimable colaboración de un carajillo) y evitar salir escaldado del choque.
El modesto equipo local, pertrechado en la sala de un vetusto bareto, había sido asolado por los virus respiratorios y pasó por un interminable via crucis para confeccionar el seis inicial. Sin
embargo, nuestro club, en un bonito detalle de deportividad, optó por no reflejar este retraso en los relojes contrarios.
Sobre el papel (del acta), el DIM presentaba una gran superioridad ELOísta, y todo apuntaba a que se firmaría una nueva victoria. Pero, desgraciadamente, parece ser que los aires de la sierra no sentaron bien entre la prole y el precalentamiento inicial sólo favoreció a uno de nuestros
deportistas (el delegado), ya que las buenas expectativas se fueron diluyendo cual azucarillo en una bañera.
En el primer tablero, Iván Pérez de Villar se vio obligado a rehusar las ofertas de tablas de su contrincante para intentar salvar el match, pero acabó perdiendo el final.
En el segundo tablero, Antonio Pérez de Villar cayó víctima de un ataque, favorecido por los enroques en flancos opuestos, y terminó entregando la dama y la partida.
En el tercer tablero, Antonio Torralba cedió tablas debido a apuros de tiempo.
En el cuarto tablero, Antonio Ríos consiguió ventaja de dos peones que supo mantener pese a la desesperada acometida de su adversario.
En el quinto tablero, Joan Guinjoan sucumbió en el final por culpa de sus peones excesivamente adelantados.
Y en el sexto tablero, Miquel Abelló jugó con demasiada precipitación, lo que le costó una pieza.
Tras consumar la debacle, nuestros intrépidos excursionistas retornaron a la ciudad condal y se citaron nuevamente para dentro de dos semanas.

Crónica de Antonio Ríos

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