El Diagonal Mar se complica el ascenso

Creo que lo más triste de una aventura, aunque sea ajedrecística, es que los acontecimientos transcurran conforme a un guión preestablecido, sin dar cabida a la más mísera sorpresa, y todo resulte más previsible que un discurso nacionalista. Como era de esperar, en una jornada clave para amarrar el deseado (no por todos) ascenso, el DIM no pudo contar con algunos de sus teóricos titulares. Y, naturalmente, el Colón no iba a ser tan generoso como lo fuera el Sabadell en la alineación de sus tres últimos tableros. En nuestra vuelta a la parroquia, incluso el capellán demostró una puntualidad británica. Además no pudimos utilizar la táctica "frigorífica" ya que, esta vez sí, la calefacción funcionó a pleno rendimiento.
Tras comenzar perdiendo tres partidas seguidas, las victorias de los hermanos (que no gemelos) Pérez de Villar permitían albergar ciertas esperanzas. Pero no es bueno sobrecargar a un servidor, que ya ejerce de delegado y cronista, con la responsabilidad de arreglar tales desaguisados porque el pobrecillo no da abasto.
Comentar también que esta última partida se alargó lo indecible en medio de una atmósfera tranquila, sólo perturbada por las vociferaciones de un solitario transeúnte.
En el primer tablero, Iván Pérez de Villar se enfrentó al niño prodigio del Colón que, en esta ocasión, se quedó sólo en niño. La falta de desarrollo, unida a los problemas de espacio, condenaron al bando negro.
En el segundo tablero, Antonio Pérez de Villar presionó sobre el peón retrasado de su rival para acabar imponiéndose en el final de torres.
En el tercer tablero, Antonio Ríos tuvo que declinar, por motivos obvios, las merecidas tablas que le ofrecía su oponente para intentar forzar en un estéril final de piezas menores y tuvo que rendir armas.
En el cuarto tablero, Alexander Pimentel volvió a recurrir al potencial (?) del doble fianchetto pero terminó encontrándose con un peón en su segunda fila con las consecuentes consecuencias.
En el quinto tablero, Miquel Abelló intentó organizar otro temerario ataque hasta que le birlaron la dama.
Y en el sexto tablero, Primitivo Corral jugó otra vez a la velocidad de un rayo cuesta abajo y escribió un nuevo capítulo de "Cómo perder en menos de quince jugadas".
¡Pasajeros con destino a Barberá del Vallés, sírvanse embarcar!

Crónica de Antonio Ríos

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