Crónica Liga Catalana ronda 3

El ajedrez (y no el turismo) es el responsable de que pequeños paraísos desperdigados por los más recónditos rincones del planeta Tierra pasen a ser referentes mundialmente conocidos. Bueno, tonterías aparte, para el incómodo desplazamiento a Vallromanes, Jorge Albert y Antonio Torralba pusieron sus carros a disposición del equipo, que partía hacia un destino inédito hasta el momento con la sensible baja de Fernando González y... ¡cuidadín, cuidadín, que vienen curvas! Pues sí, el sinuoso trazado a partir de Alella a más de uno dejó mareado.
Tras nuestra madrugadora llegada a esta villa residencial, el DIM se dirigió a la posada local para disfrutar de un frugal ágape matinal en el que Antonio Ríos no renunció a su consabido carajillo (por si con las curvas no hubiera tenido bastante), a fin de prepararse para las emociones venideras.
Nuestro rival no dudó en poner la máxima cantidad de ELO disponible en el asador y esto obligó a nuestros jugadores a rendir al máximo (o un poquito más) de sus posibilidades. Desde luego, Iván Pérez lo tenía más chungo que el Fary en "American Pie", pero en el resto de los tableros podía pasar de todo. Joan Marc Turón consiguió el primer punto, pero la derrota de Jorge Albert volvió a igualar el match. Las posteriores victorias (con algo, o bastante, de suerte) de Antonio Pérez y Antonio Ríos aseguraban, al menos, el empate porque las partidas de Iván Pérez y Antonio Torralba se decidían desfavorablemente para éstos. Tres a tres y de vuelta a casita por la misma carreterita.
En el tablero uno, Iván Pérez se metió en una variante rara de la defensa de los cuatro caballos con rápida masacre de piezas menores y torres. Los alfiles de distinto color presagiaban un final de tablas, pero, al final, el blanco se la lió parda con la dama y un peón en g6.
En el tablero dos, Jorge Albert fue víctima de un ataque de piezas mayores por la columna g semiabierta y de otro similar de peones por el centro, no acertó a defender bien su rey y... bueno, pues eso.
En el tablero tres, Antonio Pérez volvió a jugar ultradefensivo y con problemas de espacio -tal y como lo demuestran las maniobras de caballos por su segunda fila- pero consiguió cambiar todas las piezas menores y las damas. Luego las blancas se dejaron incomprensiblemente el peón de d5, no pudieron evitar el cambio de torres y, naturalmente, perdieron el final resultante.
En el tablero cuatro, Antonio Ríos se metió en una siciliana con blancas y saliendo de Cf3 (no se sabe si por los efectos del alcohol) y a punto estuvo de ser vapuleado en el flanco de dama. Por suerte, el negro descuidó la defensa de su rey y un servidor se sacó de la manga un incontestable ataque con torre y dama.
En el tablero cinco, Antonio Torralba podía haber machacado a su oponente si hubiera conducido mejor el ataque de piezas mayores por la columna h, pero sacrificó demasiado alegremente una torre y su rival se pudo defender y conseguir el decisivo cambio de damas.
Y en el tablero seis, Joan Marc Turón aprovechó la pasividad de su contrincante, que se sometió a diversas clavadas y, además, entregó inútilmente la dama por una torre.
En cuanto al DIM B, no tuvo piedad del débil Colón E y le endosó un 0-4. Ganaron, pues, Joan Guinjoan, Alexander Pimentel, Miquel Abelló y Carles Losada.

Crónica de Antonio Ríos

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