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VI Social Diagonal Mar: crónica ronda 1

Me parece tremendamente meritorio que habidas numerosas opciones en las que invertir una otoñal tarde de sábado, recurriendo a los placeres facilones de la sociedad de consumo, algunas almas tengan otras aspiraciones bastante más elevadas. Valga la ocasión como un pequeño homenaje a esos héroes anónimos, a esos luchadores inquebrantables, a esos, al fin y al cabo, protagonistas involuntarios de una película llamada vida.
Recién concluídos otros añejos torneos, el VI Social DIM reclamaba su puesto en el calendario ajedrecístico. Con memorables bajas de jugadores de antaño, eso sí, pero conservando su sempiterno espíritu familiar.
Innovaciones también, por supuesto, como el cambio a horario vespertino y el "bonus" válido para aplazamiento de una partida por parte de cualquier jugador (no canjeable por otras promociones).
Si uno no supiera (o supiese) contar, podría pasarle inadvertido el significativo descenso en el número de participantes. Todo ello unido a un porcentaje de no emparejamientos e incomparecencias impropio de una primera ronda, se tradujo en la disputa de nada más que cuatro partidas. Motivo de relax para un servidor de ustedes, que no se pueden llegar a imaginar la epopeya en la que se acaba convirtiendo el hecho de descifrar ciertas planillas ajenas, pero, al mismo tiempo, trabajo extra para una imaginación ya de por sí perezosa, en el reto de mecanografiar algo más que un pírrico telegrama.
En el tablero dos, Antonio Ríos se alió con la teoría para conseguir ventaja material frente a Rafael Bru. Pero cuando ésta lo abandonó cual fulana de pago, empezó a venirse abajo
su posición de manera poco menos que alarmante. Desde luego, en un final con los peones desvencijados, un roque en su segunda fila y un caballito saltimbanqui, no puede sobrevivir ni el noruego guaperas ese...

En el tablero tres, Fernando González aprovechó el excesivo planteamiento conservador de Carles Losada en una variante rarilla de la semieslava. El negro perdió un peón muy ingenuamente y luego consintió una injustificada entrega de torre en busca de vaya a saber usted qué.

En el tablero cuatro, Jorge Albert planteó una apertura muy surrealista que pretendía acabar en escocesa, pero la fuerte presión de Antonio Torralba le llevó a ubicar sus piezas en las peores casillas posibles y a empezar a firmar así su sentencia. Las negras, poco después de perder una pieza limpia, consiguieron recuperar una calidad, pero esto sólo fue una cortina de humo en la antesala de su derrota.

En el tablero cinco, partida afrancesada muy a verlas venir entre Antonio Pérez y Joan Guinjoan. Un duelo tan aburrido que podría haber acabado perfectamente en tablas si no hubiera sido por la dejada de peón del veterano jugador. Este último tampoco buscó compensación por su inferioridad material y fue derechito a un final que no albergaba demasiadas esperanzas.

Y en el tablero seis, el vacío, el éter, la inexistencia, la nada, la partida que nunca llegó a jugarse, porque ni Héctor López ni Primitivo Corral hicieron acto de presencia. Jarabe de "menosmenos" para ambos y a seguir.

Esperen, no se vayan todavía, aún habrá más.

Crónica de Antonio Ríos

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