VII Social Diagonal Mar: crónica ronda 1

Tal y como promete el pegadizo eslogan de una conocida marca de baterías alcalinas, el Social DIM también dura más, es decir, que se pone a la altura de los otros torneos que proliferan por estos andurriales. Pero bien podría haberse jodido la cosa si sus participantes, atendiendo a motivos arquitectónicos del calendario, hubiesen querido protagonizar una desbandada masiva. Por suerte, primó la estima por nuestro vanagloriado juego y la segunda ronda no se demoró a fechas postreras.
En esta su séptima edición, el número de jugadores se situó en la veintena y a los asiduos de la competición les acompañaron algunas caras nuevas. No obstante, la primera jornada registró las incomparecencias de Manel Vicente y de Oscar Ibáñez, este último por un inoportuno ataque de microorganismos respiratorios patógenos que lo dejó postrado. También hubo lugar para dos contendientes que declinaron entrar en liza y pospusieron su debut para días mejores. Uno de ellos fue Primitivo, que trocó su papel de protagonista por el de mirón.
Y no podía faltar, claro, la sempiterna cafetera eléctrica que, en esta ocasión, funcionó a destajo, pero elevando el nivel decibélico a cotas preocupantes. Sólo faltaba sumarle el murmullo de los comentarios post-partidas para haber preferido aquella serenata de las lavadoras con programas de triple centrifugado.
Volviendo al tema estrictamente deportivo, ni que decir tiene que el sistema suizo garantiza una ronda primera con escasas sorpresas, como así transcurrió, con aluvión de victorias de los teóricos favoritos.
En el tablero uno, Antonio Torralba salió mal de la apertura, perdió un peón y luego remató la faena con una pseudo-entrega de pieza. Iván Pérez se anotó su primer punto.
En el tablero dos, Carles Losada también empezó dejándose un peón y terminó capitulando frente a Jorge Albert tras la aventura kamikaze de su caballo.
En el tablero cuatro, Sergio Grandell y Oscar González firmaron las tablas tras llegar a un final con peón pasado distante de las blancas pero con alfiles de colores opuestos.
En el tablero cinco, Joan Guinjoan comprometió su estructura de peones y su rey, se vió obligado a entregar calidad y tuvo que claudicar ante el ataque de Joaquim Peris con dama y torre.
En el tablero seis, Antonio Pérez aprovechó el regalo de peón de su adversario, pero el blanco bien pudo complicar el asunto si hubiese atinado con la mejor respuesta.
En el tablero siete, Roberto Ginabreda no jugó la apertura de libro y aún terminó sufriendo un prematuro mate en el centro del cuadrado.
Y en el tablero ocho, el jovencísimo rival de Antonio Ríos debió cohibirse tanto ante tal evento ajedrecístico que sólo fue capaz de aguantar nueve jugadas.
Nos vemos.

Crónica de Antonio Ríos

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