Liga Catalana 2016: crónica ronda 1

Comenzaba una nueva época para el DIM tras los fichajes de Oscar González y Alejandro Caparrós, configurando así el equipo más fuerte de su corta historia, al menos en cuanto a ELO se refería. Que un servidor de ustedes tenga que ocupar el octavo y último tablero (y no tiene nada que ver con el largometrajeado Alien) indica que tiene por delante de él a siete camaradas más pródigos en puntos. Y, además, un club tan pequeñajo como el nuestro puede presumir de tener dos generaciones de González y Albert en una misma escuadra. Hubo también, sí, algunas bajas de personajes ilustres como Enrique López y Joan Gracia, éste último por empacho de taxi.
Ni que decir tiene que una mejora así de calidad también implica unas mayores ambiciones: resultaba obligado pensar en el ascenso de categoría. Por desgracia el DIM fue a parar a un corral con demasiados gallos y se avecinan duras jornadas para intentar cumplir el ansiado objetivo.
Cantaba Serrat aquello de "qué bonito es Badalona", y yo, ciertamente, no sabría si darle la razón. Desde luego en un domingo nublado y de temperatura agradable, el barrio en cuestión por donde moraba (no tiene nada que ver con moros) el Sant Josep, aderezado con ciertos tintes marineros, se me antojó deliciosamente acogedor. Incluso se había pensado en fletar un trolebús para el desplazamiento de la hinchada diagonalense en el debut de ambos equipos, pero esto último no fue necesario.
También hay que mencionar que la cacareada puntualidad que se recomendaba a los integrantes sólo la exhibieron Joan Guinjoan y un servidor.
Una vez instalados en el correspondiente recinto, tocaba descubrir la alineación del equipo rival, y ésta parecía darnos opciones de una clara victoria: en algunos tableros existían diferencias de ELO de más de cien puntos a nuestro favor. Pero una cosa es el nivel teórico y otra el estado de forma de cada uno, y algunos de los componentes del DIM no pasan por sus mejores momentos...
Total que, al final, medio puntejo y gracias. Además, el desbarajuste propio de una sala en la que jugaban cuatro equipos diferentes incluso me obligaba a hacer de doctor Jones en busca de la planilla perdida. Y así uno no se puede ni enterar de cómo transcurrieron muchas partidas. De todas maneras, vamos a intentarlo: se ponían mal las cosas con las derrotas de Alejandro Caparrós y Carles Albert, éste último parece ser que pagó los desenfrenos de la noche anterior. Fernando González no pasaba de las tablas. Por suerte empezaba a girarse la tortilla: Antonio Pérez de Villar, con pieza de menos, ganaba al estilo chapucero a un desconsolado rival con bigote que no dudó en recriminarle su ya requetefamosa potra. Jorge Albert, con torre de menos, hacía lo propio. Mientras tanto, un servidor desaprovechaba su ventaja en el final y se tenía que conformar con la igualada. Oscar González tampoco conseguía el triunfo. Y todo quedaba a expensas del último duelo, que era el correspondiente al primer tablero aunque suene muy antagónico. El final de esta partida congregó a un sinnúmero de espectadores que, afortunadamente, debían gozar de una buena salud cardiovascular porque, de lo contrario, los habituales apuros de tiempo de Iván Pérez de Villar a más de uno lo hubieran convertido en cliente del hospital más cercano. Pero a pesar de tantas emociones, la posición no daba más allá del empate. Reparto de semipuntos y todos a casa.
Muchos menos apuros pasó el equipo B, que endosó un claro 0-4 a unos rivales muy novatillos.
Y para celebrar el resultado, nada mejor que una buena pateada en dirección a Barcelona, pasando por otras zonas de conocida solera como San Roque y los encantes de Sant Adrián, hasta acabar pertrechados en la línea 2 del suburbano por ataque de dejadez. ¡Hasta la próxima!

Crónica de Antonio Ríos





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